¿Por
qué la moto y no el balón? ¿Por qué motocross?
Mucha
gente me lo pregunta, cuando un sábado a las 12 de la noche tienes
que marcharte para casa mientras toda la gente se va de fiesta y te
preguntan: ¿Por qué te vas? Mañana entreno, mañana corro... ¿Y
TÚ A QUÉ JUEGAS? ¿?¿?¿? Yo juego a la moto, Las respuestas se ven
en la cara del que pregunta, muchos expresan admiración, otros se
quedan de cruces, otros se ríen.
La moto es ese cacharro que todo el
mundo usó alguna vez, es ese deporte tan duro y extenuante que te
hace perder la consciencia, capaz de ponerte el corazón a 220
pulsaciones, capaz de hacerte vomitar sangre. Un deporte tan duro,
como desesperante, en el que hay que ser paciente y tener sangre
fría, además de tener cabeza, no solo son piernas, donde la cabeza
hace falta no solo para aguantar el casco sino para hacerte ver una
manga, una última vuelta que te lleve al triunfo, la que te hace ver
los bajones y puntos débiles del contrario.
Un deporte que es un
estilo de vida, una forma de vida, el deporte de más orgullo
personal, donde solo y repito SOLO el propio esfuerzo de tu cuerpo te
hace ser capaz de recorrer km y km, donde cada entrenamiento es una
superación personal, donde cada día que montas cargas el saco con
una anécdota nueva, un deporte que te hace brillar, llegar a lo más
alto, a ti solo, donde por mucho equipo que tengas no eres nadie si no
eres bueno, si no tienes estilo, sino tienes raza, si no tienes coraje.
Un deporte donde hay que echarle mucho valor, donde hay que
ser de otra pasta, para hacer motocross no vale cualquiera. Nadie se
levanta un Domingo lloviendo a las 6 de la mañana para ir a una
carrera a 400 km de tu casa.
Un deporte tan duro, que las caídas son
parte de nuestro oficio, donde las clavículas, puntos de sutura,
rozaduras y rodillas maltrechas son el pan de cada día, es el amor
por el deporte, por la moto, por el sacrificio y el sufrimiento el
que te hace caerte un domingo y correr con la boca cosida. Es un
sacrificio tal que te hace tocar el cielo, pero un hombre y su
sacrificio y pundonor le hace aguantar y aguantar hasta el borde del
infarto, cuando el sabor a sangre
- Nicolás Jiménez Alhaja -


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